Resumen
Es necesario asumir desde la academia tareas encaminadas a disminuir el impacto que los humanos causan sobre su entorno natural, ya que su forma de actuar, sumada a la falta de conocimiento sobre las fuerzas de la naturaleza, son las causas de que muchos de los eventos de origen natural alcancen la categoría de desastres. Al respecto, Gómez [1] escribe: “No basta educar para incidir en el sistema imperante que, a todas luces, no es sustentable en el tiempo, tanto por la concentración de la riqueza que conlleva, como por el modelo de desarrollo depredador del medio ambiente; sistema destructor del tejido social donde la solidaridad no es posible, facilitador del consumismo y del egoísmo a ultranza, y destructor del planeta y de los procesos naturales.” Es claro que, el incremento de los eventos potencialmente catastróficos en Colombia, un país ubicado sobre la franja de mayor actividad sísmica del planeta y con un importante régimen de lluvias al año, tiene que ver con el notorio aumento de la pobreza, la ubicación de asentamientos humanos en zonas de alto riesgo y las malas prácticas de construcción; estas condiciones han hecho necesaria la búsqueda de alternativas encaminadas a la prevención y mitigación de los desastres partiendo del conocimiento y manejo de los factores de riesgo, temas que debe asumir la comunidad educativa como parte de su responsabilidad social. Conscientes de esto, en el Programa de Ingeniería Ambiental y Sanitaria (PIAS) de la Universidad de La Salle, se crea el espacio académico Gestión del Riesgo (GR) donde nace la experiencia *La gestión del riesgo, de la **universidad a la comunidad*. Así, en un trabajo colaborativo y en concordancia con el Programa Educativo de la Universidad de La Salle (PEUL) se trabaja por la resiliencia de la comunidad.
Palabras clave
Gestión del riesgo, responsabilidad social, trabajo colaborativo, experiencia educativa
Initiatives for disaster risk reduction in the Environmental and Health Engineering Program of the University of La Salle: a topic of university social responsibility
Abstract
It is necessary to assume from the academy tasks aimed to reduce the impact that the human being is causing on their natural environment, their way of acting added to the lack of knowledge about the forces of nature are the causes that many of the natural origin events reach the category of disasters. In this regard, Gómez [1] writes: “It is not enough to educate to influence the prevailing system that, obviously, is not sustainable over time, because of the concentration of the wealth that it entails, as well as the predatory development model of the environment, it is a destructive system of the social fabric where solidarity is not possible, it is a facilitator of consumerism and selfishness at all costs, and a destroyer of the planet and natural processes.” It is clear that the increase in potentially catastrophic events in Colombia, which is country located on the strip of greatest seismic activity on the planet and with an important rainfall regime per year, is related with the notorious increase in poverty, the location of human settlements in high-risk areas and bad construction practices; these conditions have to be assume by the educational community as part of its social responsibility, searching for alternatives aimed to the prevention and mitigation of disasters based on the knowledge and management of risk factors. Aware of this, the Program of Environmental Engineering and Health (PIAS) at the University of La Salle has the academic class Risk Management (GR) where the experience Managing risk, the university community is created, in a collaborative work and in accordance with the Education Program at the University of La Salle (PEUL) working for community resilience.
Keywords
Risk management, social responsibility, collaborative work, educational experience
7.1 INTRODUCCIÓN
Como bien lo anota el Banco Mundial en su publicación Análisis sobre la Gestión del Riesgo en Colombia [2], nuestro país, como diversas regiones del mundo, enfrenta grandes retos que amenazan seriamente su desarrollo. Factores como el desplazamiento de población de las zonas rurales a las zonas urbanas, la degradación ambiental y el cambio acelerado del uso del suelo amplifican la magnitud de estos retos. Además, es posible observar en el estudio del Banco Mundial cómo las condiciones socioeconómicas que acompañan a distintos sectores de la población colombiana, junto con la propensión a la ocurrencia de fenómenos de origen natural tales como los sismos, inundaciones y deslizamientos confirman un proceso continuo de construcción y acumulación de riesgos. La vulnerabilidad socioeconómica y ambiental de gran parte de nuestra población se incrementa a su vez por las acciones humanas y las condiciones cada vez más variantes y rigurosas del clima. Es importante tener en cuenta que la materialización de estos riesgos muchas veces se convierte en desastres que afectan las condiciones normales de funcionamiento de una comunidad, impidiendo la ejecución de las actividades de su vida diaria, provocando la pérdida de bienes, y en muchas ocasiones de vidas humanas, trastornando el desarrollo de la región y retrasando el logro de las metas de bienestar social trazadas por el Estado.
De lo anterior es posible establecer que el riesgo se construye socialmente, y como anota Gallardo [3] en su documento sobre la visión social de la prevención, debe reconocerse al riesgo como un proceso dinámico donde cambian las condiciones porque cambian las prácticas de la sociedad. Es por esta razón que corresponde a la sociedad misma intervenirlo y gestionarlo para controlar y disminuir sus niveles, los cuales se relacionan más con la construcción social de la vulnerabilidad que con las mismas fuerzas de la naturaleza. La gestión del riesgo de desastres requiere entonces del concurso de todos los miembros de la sociedad en la búsqueda de mayor seguridad, bienestar y calidad de vida, sin olvidar velar por el mejoramiento de su relación con la naturaleza. Estas decisiones, al igual que las de orden sociopolítico, económico y ambiental son indispensables para avanzar hacia la reducción del riesgo y el incremento de la resiliencia de la comunidad, entendida esta como la capacidad del sistema social y de las instituciones para hacer frente a las adversidades.
La gestión del riesgo de desastres se define en la Ley 1523 de 2012 como un proceso social orientado a la formulación, ejecución, seguimiento y evaluación de políticas, estrategias, planes, programas, regulaciones, instrumentos, medidas y acciones permanentes para el conocimiento y la reducción del riesgo y se establece, además, que este proceso es responsabilidad de todas las autoridades y de los todos los habitantes del territorio colombiano.
Además de las normas y leyes, es importante resaltar los esfuerzos del orden nacional como el convenio de cooperación que dio origen en el 2002 a la Estrategia de fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la educación para la reducción de riesgos y atención de desastres; los compromisos que demandan ejercicios de cooperación internacional como la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres celebrada en Hyogo (Japón), donde se aprobó el marco de acción para 2005-2015, denominado Aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres; las consideraciones y lineamientos entregados en el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015–2030; las prioridades señaladas en las distintas mesas de trabajo inter-institucionales (agua y saneamiento básico, cambio climático y gestión del riesgo), creadas para reducir o mitigar los desastres y en las que ha tenido protagonismo la universidad de La Salle. Además, valen la pena resaltar los principios consignados en el Plan Educativo de la Universidad de La Salle (PEUL) [4] y su Enfoque Formativo (EFL), relacionados con la búsqueda de la equidad, la defensa de la vida, la construcción de la nacionalidad y el compromiso con el desarrollo humano integral y sustentable.
Todo esto sumado a la normatividad jurídica de la Universidad (Caja 1), que sirvió de marco para que el PIAS diera vía libre a la creación del espacio académico Gestión del Riesgo, en el que los futuros profesionales lasallistas pudieran trabajar de manera responsable por y con la comunidad en una experiencia educativa que condujera a la búsqueda de alternativas para disminuir la vulnerabilidad de la población frente a la ocurrencia de eventos adversos que afecten su vida y/o sus bienes, y con ello reducir el nivel de riesgo social, económico y ambiental.
En este espacio académico nació la experiencia de extensión denominada “La gestión del riesgo, de la universidad a la comunidad” desde donde no solo se fortalece el conocimiento y lo que significa una buena relación del ser humano con la naturaleza, sino que también privilegia los principios y valores que caracterizan la educación lasallista y hacen parte de la responsabilidad social que hoy demanda el ejercicio de un buen profesional.
7.2 BREVE RESEÑA DE LOS DESASTRES EN COLOMBIA
Solo hasta noviembre de 1985 –cuando la avalancha provocada por la activación del Volcán del Nevado del Ruiz generó la gran catástrofe que enlutó al pueblo colombiano afectando de manera directa los departamentos de Tolima y Caldas, provocando alrededor de 25,000 víctimas y perdidas económicas calculadas en 211.8 millones de dólares (cifras suministradas por el PNUD)– se detectó la necesidad urgente de contar con un Sistema que coordinara las acciones encaminadas a la prevención y atención de desastres en el territorio nacional. En consecuencia, se crea en 1989 el Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres (SNPAD), hoy Sistema Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (SNGRD), red institucional que tiene como función la administración del riesgo.
Cumpliendo con la principal función del entonces SNPAD, en enero de 1998 en el país se adopta el Plan Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, el cual, en su primer capítulo Los riesgos naturales y antrópicos en Colombia, narra que “…el país en su historia ha sufrido diversos eventos adversos, como la destrucción total de Cúcuta (1875) y el terremoto y maremoto de Tumaco (1906), considerado unos de los más fuertes ocurridos en tiempos modernos.”
En los últimos 40 años, además de un número incontable de desastres menores de carácter local y regional, se recuerdan eventos como el maremoto que afectó a Tumaco y El Charco (1979) dejando cerca de 259 muertos, 798 heridos y 95 desaparecidos; los terremotos del Antiguo Caldas (1979) con epicentro en Ansermanuevo con un saldo de 44 muertos y el de Popayán (1983), en donde murieron más de 250 personas y hubo más de 10,000 damnificados; el terremoto del Cauca y posterior avenida torrencial sobre el río Páez (1994) con un saldo de más de 1,000 muertos; la erupción del volcán Arenas, en el Nevado del Ruiz (1985), donde corrieron cuesta abajo millones de metros cúbicos de agua, formando un gran alud de barro y ceniza volcánica que sepultó el pueblo de Armero, con un saldo de más de 25,000 víctimas en lo que sigue siendo la peor tragedia ocurrida en el país.
La historia de Colombia registra otros eventos catastróficos como el deslizamiento de Quebradablanca (1974) en el que perdieron la vida más de 300 personas; el derrumbe frente a la bocatoma de la represa de El Guavio (1983), donde quedan sepultados bajo toneladas de tierra cerca de 200 trabajadores, que construían un túnel de acceso; el deslizamiento de Villatina - Medellín (1987), donde perecen más de 500 habitantes del barrio y se reportaron más de 2,500 damnificados; las avalanchas de San Carlos (1993), Turriquitadó, Tapartó y Dabeiba (1993), Florida y Bagadó (1994); el Huracán Joan (1988), la Tormenta Bret (1993) y el Huracán Cesar (1996) que afectaron la Costa Atlántica. El 25 de enero de 1999 el Eje Cafetero fue estremecido por un fuerte sismo de 6.2 grados en la escala de Richter donde murieron 1,230 personas, hubo más de 5.300 heridos y un número aproximado de afectados de 200,000 personas.
Las estadísticas recientes en materia de desastres muestran que en los últimos tres decenios Colombia ha sido uno de los países más maltratados por los desastres de origen natural en toda América, la mayoría de estos debido a las inundaciones y deslizamientos que ocurren periódicamente en épocas de fuertes y frecuentes lluvias. La ola invernal ocurrida en el país entre septiembre de 2010 y mayo de 2011 debido al fenómeno de La Niña –calificado por la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica (NOAA) como el evento más importante de este tipo desde 1950– causó 1233 inundaciones y cerca de 800 deslizamientos, y según el informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) [5] dejó como resultado 3,219,239 colombianos damnificados, 875,000 hogares afectados, 1,374 muertos, 1,016 personas desaparecidas y 56,393 lesionados (Fig. 1).

Figura 1. Registro de afectados por departamento en la ola invernal 2010-2011. Fuente: CEPAL [5]. RUD consolidado.
Además de las severas inundaciones que captaron la mayor atención por su extensión y duración, la CEPAL da cuenta de numerosos fenómenos de remoción en masa, entre los que se encuentra el ocurrido en la cabecera del municipio de Gramalote (Norte de Santander), que afectó en diciembre de 2010 a más de 4,000 personas, dejando 100 viviendas destruidas y 900 averiadas, lo que hizo necesaria la evacuación total del municipio. Otro evento igualmente dramático se produjo el 5 de diciembre de 2010 en Bello (Antioquia), donde un deslizamiento dejó 82 personas muertas, 38 desaparecidas, 10 heridas, 735 damnificadas. Un deslizamiento en La Cruz, en Nariño el 23 de diciembre de 2010 dejó 13 personas muertas y en San Vicente de Chucurí (Santander), el 18 de mayo de 2011 el desbordamiento de la Quebrada Las Cruces produjo una avalancha que dejó 11 personas muertas, 267 viviendas afectadas y 1,200 personas reubicadas. El 7 de noviembre de 2011, en Manizales (Caldas), un deslizamiento en el barrio Cervantes, tuvo como saldo trágico 48 personas fallecidas. El caso más dramático se presentó el 23 de diciembre de 2011 en Dosquebradas (Risaralda) donde el desprendimiento de tierra y la falta de mantenimiento condujeron a la ruptura de un poliducto, seguido por una explosión que arrasó con el sector de Romelia, dejando por saldo 33 personas muertas, 107 viviendas afectadas y 655 personas damnificadas. Una de las tragedias más recientes sucedió el 1 de abril de 2017 en Mocoa, Putumayo, cuando una avenida torrencial, producto de las fuertes lluvias y el desbordamiento de los ríos Mocoa, Mulato y Sangoyaco acabó con la vida de más de 320 personas, más de 200 se reportaron como desaparecidas y otras, contadas por miles, resultaron damnificadas.
Otros eventos como los derrames de petróleo, escapes o fugas de sustancias químicas peligrosas, incendios, explosiones y colapso de estructuras, todos ellos considerados de origen antrópico y/o tecnológico, completan la larga lista de las amenazas presentes en el país. Como un ejemplo de materialización de estas amenazas se pueden citar: el desplome de la torre 6 del edificio Space en la ciudad de Medellín el 12 de octubre de 2013, donde murieron 12 personas y centenares resultaron damnificadas; la caída del puente Chirajara en la vía Bogotá-Villavicencio el 15 de enero de 2018, donde 9 obreros perdieron la vida y hubo un inmenso impacto en el desarrollo social y económico de la región.
7.3 LA GESTIÓN DEL RIESGO: DE LA UNIVERSIDAD A LA COMUNIDAD
7.3.1 Detalles de la experiencia
Como se anotó anteriormente, la experiencia educativa nace en el seno del Programa en Ingeniería Ambiental y Sanitaria. Desde este programa se orientan los esfuerzos para formar facilitadores y que con los conocimientos y competencias adquiridas apoyen a la comunidad en la formulación e implementación de alternativas dirigidas a disminuir sus condiciones de riesgo frente a la posible ocurrencia de eventos de origen natural como los sismos. Estos eventos que debido a la participación del ser humano pueden considerarse de origen socio-natural como las inundaciones, deslizamientos e incendios forestales, y de aquellos cuyo origen se relaciona con la actividad del ser humano como las explosiones y los incendios estructurales.
De esta manera, como aparece en la misión de la Universidad descrita en el PEUL “… participamos activamente en la construcción de una sociedad justa y en paz mediante la formación de profesionales que por su conocimiento, sus valores, su capacidad de trabajo colegiado, su sensibilidad social y su sentido de pertenencia al país, inmerso en un mundo globalizado, contribuyan a la búsqueda de la equidad, la defensa de la vida, la construcción de la nacionalidad y el compromiso con el desarrollo humano integral y sustentable.” Sin embargo, es imposible pensar en un desarrollo socialmente sostenible desconociendo los factores de riesgo que acompañan la vida de los pobladores de una región.
La definición de educación para la gestión integral del riesgo (GIR) del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos (IDIGER, en su momento Fondo para la prevención y atención de Emergencias, FOPAE) parece concordar con que señala el PEUL de la universidad cuando este instituto la describe como un proceso de formación permanente dirigido al fomento de las capacidades cognitivas, axiológicas y praxiológicas de los individuos y grupos para el reconocimiento del riesgo público de origen natural y antrópico no intencional como un problema socialmente relevante y, en consecuencia, como un asunto de interés de todos.
En este sentido, los esfuerzos por fortalecer las capacidades de los individuos para la GIR a través de la educación responden al cumplimiento de una normatividad formulada alrededor del tema desde las autoridades nacionales y distritales, y se dirigen a la consolidación de una cultura reflexiva, responsable, activa y solidaria.
Es clara entonces la responsabilidad que cabe a los futuros profesionales como miembros de una sociedad y la razón por la que, en el espacio académico Gestión del Riesgo los alumnos de Ingeniería Ambiental de La Salle se forman para que asuman funciones como facilitadores al momento de interactuar con la comunidad. De otro lado, para fortalecer el concepto de responsabilidad social y el aspecto cognitivo, durante el tiempo que los estudiantes hacen parte del espacio académico se tienen en cuenta como miembros activos del Semillero de Investigación en Gestión del Riesgo y Cambio Climático (SI– GRYCC).
El hecho de que el espacio académico Gestión del Riesgo haga parte de las materias electivas, permite ver que la vinculación de los jóvenes a este espacio se hace con toda libertad, asumiendo que por parte de estos se dará cumplimiento al programa planteado en el Syllabus donde se establece que a lo largo del semestre es necesario desarrollar un trabajo con y para la comunidad, apoyando procesos encaminados a reducir los niveles de vulnerabilidad y creando alternativas que conduzcan a la disminución del riesgo de desastres y el incremento de su resiliencia. Aunque la misión del espacio académico deja ver una preparación de los estudiantes para adelantar labores de identificación y evaluación de los factores de riesgo a nivel local, municipal y regional, se ha tomado como línea de acción con metas semestrales el apoyo a los centros educativos, hogares de la tercera edad y todas aquellas instituciones que albergan comunidades altamente vulnerables, dando prioridad a la población menos favorecida.
7.3.2 Aspectos relevantes de la experiencia
Nuevo conocimiento
El reconocimiento y valoración del impacto social inherente a la naturaleza de la universidad, promovidos por el espacio académico Gestión del Riesgo, debe verse reflejado en la formación de los egresados del programa, en su manera de entender e interpretar el mundo, de comportarse en él y de valorar las diferentes circunstancias que hacen parte de su entorno y de su vida. De igual manera, como lo interpreta Vallaeys [6], en la deontología profesional cabe la responsabilidad social, la cual orienta, de modo consciente o no, la definición de la ética profesional de cada disciplina y su rol social. Es claro entonces que, la manera como se aborda el conocimiento sobre los factores de riesgo debe llevar al profesional lasallista a asumir con responsabilidad la tarea de mejorar la relación entre la población y las condiciones naturales y del entorno, lo que marca en buena medida la vida y el desarrollo del país. La posición de Colombia, en la línea de encuentro de las placas de Nazca y la Suramericana, bajo la influencia de sistemas como la Zona de Convergencia Intertropical (relacionada con la frecuencia e intensidad de las lluvias) y expuesto a los impactos derivados de la ocurrencia de fenómenos climáticos como El Niño y La Niña (asociados con eventos de sequía, inundaciones, avenidas torrenciales y movimientos en masa, entre otros), hacen necesario que el profesional del PIAS aprenda a reconocer las fuerzas de la naturaleza y su relación con quienes permanecemos bajo sus efectos.
El estudiante aprende, entre otras cosas, a dar una nueva mirada a los fenómenos naturales vistos hasta el momento por él como culpables de las pérdidas y el sufrimiento vivido por el ser humano cuando ocurren las catástrofes. Aprende a reconocer la “inocencia” de estos fenómenos que no son otra cosa que la manifestación de la vida y la dinámica del planeta. De la misma manera, el alumno entiende que las consecuencias de los eventos adversos se ligan al incremento de la vulnerabilidad construida por el hombre mismo en su desmedido afán por el crecimiento económico a expensas, muchas veces, del deterioro del medio ambiente y el agotamiento de sus recursos. Aprende, también, a ver el río y la montaña como parte de la hermosura de la creación, muy lejos de la culpabilidad que se les quiere entregar cuando suceden los desastres. Finalmente, bajo una mirada científica y no por esto menos social, aprende cómo y cuándo los fenómenos naturales se convierten en amenazas y de qué manera el ser humano construye vulnerabilidad (se expone y se hace susceptible) ante las fuerzas de la naturaleza; de esta manera, el estudiante se pone en contacto con las teorías y conceptos que explican la gestión del riesgo de desastres y siente de cerca el verdadero sentido de la responsabilidad con que debe asumir los retos que demanda la sociedad en la búsqueda de soluciones a las condiciones físico-estructurales, socio-económicas y ambientales que alimentan el riesgo.
Vale la pena considerar la manera como Wilches [7] se refiere a la gestión del riesgo cuando la define como “el conjunto de saberes, voluntades, capacidades y recursos físicos, económicos, tecnológicos, éticos, espirituales y de todo tipo, con que cuenta la cultura, al igual que el conjunto de actividades que despliega una sociedad, con el fin de fortalecer la capacidad de las comunidades y de los ecosistemas que conforman su territorio, para convivir sin traumatismos destructores con las dinámicas provenientes del exterior o de su propio interior”.
Extensión y proyección con responsabilidad social
Desde el espacio Gestión del Riesgo se concibe la proyección social como un conjunto de acciones académicas, técnicas y de alto contenido humano que con el apoyo administrativo del Programa de Ingeniería Ambiental adelanta proyectos encaminados a llevar a la comunidad soluciones reales, oportunas, de manera responsable y con el objeto de abrir caminos para un desarrollo humano, integral y sustentable, manteniendo siempre coherencia con la misión y el quehacer de la Universidad. En este sentido, se consideran teorías como la de François Vallaeys quien define la responsabilidad social universitaria como “una política de calidad ética del desempeño de la comunidad universitaria (estudiantes, docentes y personal administrativo) a través de la gestión responsable de los impactos educativos, cognitivos, laborales, sociales y ambientales que en la Universidad se traduce, en un diálogo participativo con la sociedad para promover el desarrollo humano sostenible”. Por su parte, el hermano Carlos Gómez escribe en la revista de la Universidad de La Salle que “…la responsabilidad social universitaria no puede confundirse con filantropía ni solamente con el cumplimiento de sus obligaciones legales. Su responsabilidad social es, fundamentalmente, una manera de posicionarse en la sociedad en que se encuentra porque su acción tiene impactos de diverso tipo; impactos fruto de la formación que imparte.” Igualmente se consideran conceptos como el de Brenson [8] el cual se fundamenta en que “la responsabilidad social institucional a cobrado una nueva dimensión, más allá de la acción caritativa, donde la sociedad espera y exige que las entidades funcionen como buenas ciudadanas y que muestren su capacidad de respuesta y su sentido de responsabilidad proactiva y no solamente reactiva frente al sistema social en su conjunto.”
Con respecto a la extensión, la Vicerrectoría de Promoción y Desarrollo Humano de la Universidad, en uno de los documentos sobre evaluación, se refiere a este proceso en los términos siguientes: “la extensión universitaria, en un sentido sustantivo, hace referencia a todas las actividades y programas que se emprenden como proyección y transferencia de la experiencia formativa y la extensión del conocimiento de los diferentes saberes y disciplinas, expresadas en acciones de: educación continuada; asesorías, consultorías interventorías y asistencia técnica; programas de proyección y desarrollo social; docencia articulada a las unidades de extensión; y ejercicios de cooperación. Por su parte la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) [9] considera que la extensión, como dimensión dentro de una práctica social orientada y regulada por valores y motivaciones para contribuir al propósito universitario de transformación social, constituye el vínculo con su contexto y, por lo tanto, muestra que las instituciones de educación superior son sistemas complejos en continua interacción con el medio social.
Atendiendo al significado que da la universidad a los programas de extensión con responsabilidad social y considerando los textos citados por diferentes autores en relación con la extensión y la responsabilidad social, se puede decir que los procesos que se vienen liderando en el espacio académico Gestión del Riesgo, no solo se ajustan a la mayoría de estos y otros conceptos (Caja 2), sino que contribuyen a lograr una sociedad más justa y resiliente, llevando el conocimiento de la universidad a la comunidad a través del desarrollo de proyectos orientados a la identificación y evaluación de los factores de riesgo, así como a la formulación de alternativas para la reducción de estos, tal como se estableció desde un principio en los objetivos de la experiencia.
Participación de la comunidad
Desde el espacio académico Gestión de Riesgo de Unisalle, se entiende la participación comunitaria como la posibilidad de contemplar los diversos sectores (comunidades y otras organizaciones formales o informales) que participan activamente tomando decisiones, asumiendo responsabilidades específicas y fomentando la creación de nuevos vínculos de colaboración en favor de los miembros que las conforman. También es posible verla como una posibilidad de configuración de nuevos espacios sociales, o como la presencia de la comunidad en la esfera pública para reclamar situaciones o demandar cambios. Podría entonces resumirse este concepto de participación como la intervención de los ciudadanos o grupos sociales en la toma de decisiones respecto al manejo de los recursos y las acciones que tienen un impacto en el desarrollo de sus comunidades.
Respecto a la importancia de la relación universidad-comunidad, la Vicerrectoría de Promoción y Desarrollo de la Universidad señala que los proyectos que se lleven a cabo al interior de los programas de proyección y desarrollo social deben apuntar hacia la transformación social, el fomento de la cultura y la búsqueda del sentido de la verdad en el marco del Desarrollo Humano Integral y Sustentable. Señala además que los programas y proyectos deben: a) responder de forma eficaz a las necesidades reales sociales y culturales, b) ser de carácter interdisciplinario, c) involucrar prácticas y procesos de investigación, d) asegurar la inclusión y participación activa de la comunidad local en la construcción y consolidación de las acciones, y e) tener un componente formativo explicito para los actores involucrados.
En este sentido, la experiencia educativa en gestión del riesgo viene respondiendo con un alto nivel de responsabilidad a las solicitudes nacidas de los problemas relacionados con el riesgo de desastre que, debido a su condición de vulnerabilidad física-estructural, social, económica o ambiental, enfrentan las comunidades (instituciones, localidades, municipios, entre otros), procurando siempre que los miembros de estas comunidades ayuden a la identificación de los problemas y, de igual manera, se hagan partícipes de las soluciones. A este respecto, se cuenta con un archivo documental en el que la comunidad manifiesta su conformidad con el trabajo realizado en conjunto con los estudiantes. Este archivo permite conocer la apreciación acerca de la labor adelantada por los facilitadores de la experiencia. Las cartas de agradecimiento (satisfacción) elaboradas por la comunidad, son el reconocimiento a la labor responsable de los estudiantes del PIAS. De otro lado, mediante visitas de seguimiento se adquiere información adicional que ha permitido, con mayor certeza, hacer un análisis sobre el verdadero impacto del ejercicio.
Lazos interinstitucionales
Tomando como base los lineamientos que en su momento planteó la “Estrategia de fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la educación para la reducción de riesgos y atención de desastres” en lo que respecta al intercambio de la información, y teniendo en cuenta que la gestión del riesgo es un problema de todos los sectores de la población, se hizo necesario establecer acercamientos con aquellas instituciones que tienen como función velar por que la reducción de las condiciones de riesgo de la comunidad sea una realidad. De esta manera, desde el PIAS y como parte fundamental de la experiencia académica, se puso en marcha un plan para fortalecer las relaciones interinstitucionales y buscar convenios de cooperación con entidades como la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático, la Cruz Roja Nacional, la Defensa Civil Colombiana y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Como ejemplo de cooperación entre instituciones, a mediados de 2009 el FOPAE (hoy IDIGER) vinculó un grupo de veinte estudiantes lasallistas del espacio académico Gestión del Riesgo para apoyar el proyecto de la Alcaldía Distrital “Bogotá con los pies en la tierra”, programa que duró hasta finales de 2010. Entre el 2016 y 2017 el grupo de investigación en gestión del riesgo y cambio climático (GRYCC) de UNISALLE apoyó al IDIGER en la construcción de la Hemeroteca Distrital de Emergencias del Distrito.
De otro lado, desde el 2010, la Defensa Civil apoya muy de cerca los procesos de capacitación (principalmente prácticas de campo) de los alumnos que se forman en el espacio académico Gestión del Riesgo del PIAS. La universidad, como política de relaciones interinstitucionales, desde el Programa de Ingeniería Ambiental y Sanitaria participa desde hace varios años en las mesas de trabajo sobre Agua y Saneamiento, Gestión del Riesgo y Cambio Climático organizadas por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el IDIGER; además, desde el 2014 ha tenido asiento en la comisión de investigación liderada por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.
7.4 ALCANCES DE LA EXPERIENCIA
7.4.1 Desde los proyectos de aula
Vallaeys François [12] escribe “La universidad produce impactos sociales, en tanto que influye fuertemente en la sociedad y su desarrollo económico, cultural y político; no sólo tiene un impacto directo sobre el futuro del mundo en cuanto forma a sus profesionales y líderes, sino que ella es también un referente y un actor social que puede promover (o no) el progreso, que puede crear (o no) capital social, vincular (o no) la educación de los estudiantes con la realidad social exterior, hacer accesible (o no) el conocimiento a todos.”
En este sentido, desde el espacio académico Gestión del Riesgo del PIAS se ha impulsado el acercamiento de los estudiantes a la comunidad, lo que los ha llevado a vincularse con la realidad y entender que los diferentes grados de vulnerabilidad entre grupos de personas o de sociedades surgen, principalmente, de las desventajas sociales no resueltas. Además, las exposiciones y los foros realizados al interior del espacio académico, les ha permitido entender que son las comunidades menos protegidas las más vulnerables frente a la ocurrencia de eventos adversos y que por lo tanto es hacia ellas que deben orientarse los mayores esfuerzos a la hora de priorizar las actividades en las que se basa su ejercicio de responsabilidad social. López [13] sitúa a la práctica pedagógica como una poderosa alternativa para aumentar la resiliencia de la comunidad frente a la ocurrencia de eventos potencialmente catastróficos. De esta manera y como resultado del trabajo de los distintos grupos de facilitadores formados a lo largo de todos estos años en el espacio académico del PIAS, se han adelantado cerca de dos centenares de proyectos de aula con la participación de más de 550 alumnos (Tabla 1). Estos proyectos se enfocan en:
Acompañamiento y formulación de Planes de Emergencia en más de 150 instituciones educativas en muchos casos, la mayoría de ellas pertenecientes a los estratos menos favorecidos de la población.
Acompañamiento y formulación de Planes de Emergencia en algo más de una decena de hogares comunitarios, hogares de la tercera edad e instituciones de educación especial.
Asesoría y formulación de Planes de Emergencia en algunas fundaciones e instituciones de apoyo social.
Tabla 1. Resumen de la sistematización de proyectos de aula (Planes Integrales de Gestión del Riesgo) en centros educativos y otras instituciones. Fuente: elaboración propia
| Instituciones y comunidades intervenidas | Número de proyectos | Alumnos vinculados | Población apoyada y/o favorecida |
|---|---|---|---|
| Universidades | 1 | 2 | 2,800 |
| Colegios | 123 | 330 | 51,701 |
| Escuelas | 2 | 6 | 1,612 |
| Jardines Infantiles | 29 | 83 | 2,023 |
| Fundaciones | 15 | 50 | 1,718 |
| Empresas | 2 | 10 | 30 |
| Hogares Geriátricos | 7 | 21 | 325 |
| Hogares Comunitarios | 11 | 31 | 1,338 |
| Conjuntos Residenciales | 4 | 12 | 2,028 |
| Iglesias | 1 | 4 | 710 |
| Cárceles | 1 | 4 | 365 |
| Totales | 196 | 553 | 64,650 |
7.4.2 Desde la investigación y desempeño profesional
Como resultado del quehacer del espacio académico, en el año 2008 se crea el GRYCC, como un espacio abierto de estudio conformado por docentes y estudiantes comprometidos con la reducción de la vulnerabilidad y el incremento de la resiliencia de las comunidades frente a la posible ocurrencia de eventos adversos, y al mismo tiempo con el desarrollo humano, integral y sustentable. Desde ese entonces, el grupo GRYCC y su semillero de investigación desarrollan proyectos de investigación orientados tanto al conocimiento de los eventos de origen natural y antrópico, que por sus características pueden afectar el crecimiento social y económico de la población, como a la gestión del riesgo de desastres.
Como un logro de GRYCC debe mencionarse la creación del Sistema de Información sobre Desastres, Hidrometeorología y Medio Ambiente (SIDHMA) [14], el cual sirve de herramienta para la investigación y como insumo para el enriquecimiento de la experiencia de investigación en la academia. Este sistema considera un número importante de variables y nuevas posibilidades de análisis para los investigadores que buscan algo más que un inventario de desastres. La base de datos sobre la que se encuentra soportado SIDHMA se diseñó para el manejo de información espaciotemporal sobre los diferentes eventos adversos de origen natural o antrópico ocurridos en Colombia y el mundo a partir de 1950, muchos de los cuales alcanzaron la categoría de desastres.
De este proyecto se han desprendido importantes estudios encaminados a analizar estadísticamente los efectos derivados de la ocurrencia de potencialmente eventos catastróficos en el país durante las últimas décadas. En el 2011, por ejemplo, se adelantó el Análisis estadístico de los eventos potencialmente catastróficos de origen natural ocurridos en Colombia entre 1970 y 1990, en el 2015 se llevó a cabo el Análisis estadístico de los eventos potencialmente catastróficos de origen natural, ocurridos en Colombia entre 1990 y 1999; en el mismo año se concluyó el Análisis estadístico de los eventos potencialmente catastróficos de origen natural, ocurridos en Colombia entre 2001 y 2011, estos proyectos se adelantaron tomando como base los registros contenidos en la herramienta SIDHMA. En 2018 se concluyó el Análisis estadístico de los eventos de origen natural ocurridos en Bogotá, Distrito Capital, durante el periodo 1916–2016 y su relación con las condiciones físico-geográficas y climatológicas de la ciudad.
Desde el espacio académico y GRYCC se han adelantado proyectos con alta responsabilidad social (la mayoría como trabajos de grado) orientados a la reducción del riesgo en municipios como Tumaco, Manta, Zipacón, Villeta, Facatativá, Tabio, Charalá y los 14 municipios que conforman la cuenca alta del río Bogotá, por ejemplo; se han desarrollado, además, proyectos sobre el posible desabastecimiento hídrico relacionado con el cambio climático y sobre la evaluación de los factores de riesgo en sistemas protegidos como el Parque Nacional Natural de Los Nevados y el Parque Tayrona, estos últimos mediante convenio con la entidad Parques Nacionales.
Como un ejemplo de proyección con responsabilidad social y, con la intención de brindar una oportunidad de vida a quienes temporalmente han perdido su libertad y permanecen olvidados por una gran parte de la sociedad, los estudiantes vinculados al SI-GRYCC, hicieron posible la formulación de los planes de emergencia para la cárcel de mujeres El Buen Pastor y el centro de reclusión La Picota, trabajos que por su importancia fueron avalados como proyecto de grado. Como la responsabilidad comienza por casa, es bueno mencionar que, estudiantes del semillero tomaron como tema para su trabajo de grado la *Estructuración del plan integral para la prevención y control de emergencias en la **Sede Centro de la Universidad de La Salle*.
También desde el GRYCC se han llevado a cabo proyectos que muestran alternativas para hacer frente a la nueva realidad que plantea el amenazante fenómeno del calentamiento global, el cual según informe del Panel Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático (IPCC) [15] es causado por las emisiones antropogénicas y seguirá causando nuevos cambios a largo plazo en el sistema climático. El informe asegura (con un nivel de confianza alto) que “ya se han observado impactos en los sistemas naturales y humanos como consecuencia del calentamiento global”. Como un ejemplo pueden citarse proyectos como el *Análisis sobre la capacidad de adaptación socio-económica,** ambiental e institucional de la sub-cuenca del río Bajo Ubaté, frente a los escenarios de cambio climático* y el de *Vulnerabilidad hídrica** en la cuenca del Río Blanco, municipio de La Calera, considerando los escenarios de cambio climático propuestos por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca*.
Incluyendo los proyectos mencionados en párrafos anteriores, cuyos informes reposan en la biblioteca de la Universidad y el archivo documental del PIAS, entre 2007 y 2019 se adelantaron en el programa alrededor de cuarenta trabajos (la mayoría de ellos como proyectos de grado) con los que, en buena medida, se ha contribuido con la gestión del riesgo en municipios y regiones del país. En el desarrollo de estos trabajos estuvieron vinculados cerca de un centenar de estudiantes, la mayoría de ellos pertenecientes al semillero de investigación SI-GRYCC.
Es bueno anotar que muchos de los estudiantes que pasaron por el espacio académico Gestión del Riesgo y que hicieron parte del semillero de investigación han encontrado en la experiencia vivida como facilitadores de procesos con la comunidad, algo más que una oportunidad para llevar sus conocimientos sobre gestión del riesgo “de la universidad a la comunidad”, han encontrado, además de esto, una plataforma para su crecimiento y desarrollo profesional. Algunos, como ya se anotó, han tomado este campo como marco de referencia para la elaboración de sus trabajos de grado y varios de ellos han tenido la oportunidad de vincularse con instituciones como la UNGRD, el IDIGER, la CCO y el MADS, donde han podido hacer realidad su aporte como profesionales a la gestión del riesgo en el país.
7.5 CONCLUSIONES
La responsabilidad social, en especial en lo que hace referencia a la gestión del riesgo, es un tema que apenas se está abordando en las instituciones de educación superior, donde se sabe se forman los futuros tomadores de decisiones. En este sentido, la universidad de La Salle reconoce, desde su misión, visión y política, la responsabilidad que, como institución, debe asumir para contribuir con el desarrollo humano e integralmente sostenible del país, es así que apoya los proyectos que se adelantan para incrementar la resiliencia de la población en distintos sectores del territorio nacional.
La Universidad debe superar el enfoque de la extensión y la proyección social como apéndices bien intencionados de sus funciones como formadora de estudiantes y productora de conocimientos, para poder asumir la verdadera exigencia de la responsabilidad social universitaria. Es claro entonces que, la manera como se aborda el conocimiento sobre los factores de riesgo debe llevar al profesional lasallista a asumir con responsabilidad la tarea de mejorar la relación entre la población y las condiciones naturales y del entorno, lo que marca en buena medida la vida y el desarrollo del país.
Desde el espacio Gestión del Riesgo de la Universidad de La Salle se concibe la proyección social como un conjunto de acciones académicas, técnicas y de alto contenido humano que, en este caso, con el apoyo administrativo del Programa de Ingeniería Ambiental y Sanitaria (PIAS), encuentra la posibilidad de desarrollar proyectos encaminados a llevar a la comunidad soluciones reales, oportunas, de manera responsable y con el objeto de abrir caminos para un desarrollo humano, integral y sustentable.
La experiencia educativa en gestión del riesgo del PIAS responde con un alto nivel de responsabilidad a las solicitudes nacidas de los problemas relacionados con el riesgo de desastre que debido a la condición de vulnerabilidad física (estructural y de servicios), social, económica y ambiental, enfrentan las comunidades, procurando siempre que sus miembros ayuden a la identificación de los problemas y, de igual manera, se hagan partícipes de las soluciones. Es pertinente decir que no es posible pensar en un desarrollo socioeconómico y ambientalmente sostenible desconociendo los factores de riesgo que acompañan la vida, la cultura y las costumbres de los pobladores de una región.
En el caso de los centros educativos y otras instituciones apoyadas en la elaboración de sus planes integrales de gestión del riesgo se evidenció que en algunas de ellas se realizan actividades (no todas articuladas) orientadas hacia la prevención. En un trabajo participativo, con y para la comunidad, se logró, no solo la construcción de la matriz de riesgos para estas instituciones, sino que se contribuyó con la elaboración de un plan de mejoramiento y la redacción de una política de gestión, encaminada a la disminución de la vulnerabilidad y la administración de los posibles riesgos.
Cumpliendo con los parámetros que instituciones como el Ministerio del Medio Ambiente recomiendan para la incorporación del riesgo en el ordenamiento territorial, los proyectos que con este fin se adelantan en el PIAS parten de la identificación y evaluación de la amenaza y la vulnerabilidad, considerando que el análisis de estos factores en un territorio permite a sus gobernantes formular medidas para reducir el riesgo en su comunidad. En este sentido, se han estudiado, principalmente, los eventos de inundación, avenida torrencial y movimiento en masa, considerando que son estos los que con mayor frecuencia ocurren en el país.
7.6 CONFLICTO DE INTERESES
El autor declara no tener conflicto de interés.
7.7 AGRADECIMIENTOS
Quiero manifestar mis más sinceros agradecimientos a la UNGRD por abrir un espacio para dar a conocer las iniciativas orientadas a la reducción del riesgo de desastres que se adelantan en la Universidad de La Salle, las cuales se consideran relevantes en la construcción de caminos que llevan al fortalecimiento de las políticas relacionadas con la responsabilidad social de la institución. Es oportuno reconocer el esfuerzo y compromiso de los estudiantes que se vinculan semestre a semestre al semillero del grupo de investigación en gestión del riesgo y cambio climático (GRYCC) de la Universidad, ya que es a través de su trabajo y dedicación que se construyen junto con la comunidad las alternativas para la disminución del riesgo.
7.8 IDENTIFICACIÓN DE AUTOR
Víctor Leonardo López Jiménez
7.9 BIBLIOGRAFIA
- Gómez Restrepo, Fsc., H. G. (2010). La responsabilidad social de la universidad lasallista: elementos para la reflexión y el debate. Revista de la Universidad de La Salle, 51, 15-53.
- Banco Mundial. (2012). Análisis de la gestión del riesgo de desastres en Colombia: un aporte para la construcción de políticas públicas. Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento / Banco Mundial. Región de América Latina y El Caribe. Primera edición, Bogotá.
- Gallardo O., Vega L. (2012). Diplomado Geo-diversidad, Gestión de Riesgos y Cambio Climático en Centroamérica Modulo V: Visión Social de la prevención. Consulta en: http://www. slideshare.net/comunicacionespfc/ visin-social-de-la-prevencin
- Universidad de La Salle (2007). Proyecto Educativo Universitario Lasallista, PEUL. Acuerdo N° 007, 03/07. Ediciones Unisalle. Bogotá.
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe – CEPAL. (2012). Valoración de daños y pérdidas, Ola invernal en Colombia 2010-2011. Misión BID – CEPAL, Bogotá.
- Vallaeys François. (2007). Responsabilidad Social Universitaria Propuesta para una definición madura y eficiente. Tecnológico de Monterrey – Programa para la Formación en Humanidades. Consulta en octubre de 2016: http://www. bibliotecavirtual. info/2011/12/responsabilidad-social-universitaria-propuesta-para-una-definición-madura-y-eficiente/
- Wilches Chaux, G. (1988) “La Vulnerabilidad Global” in Maskrey, A. (ed) Los desastres no son Naturales. LA RED. Tercer Mundo Editores. 1993.
- Brenson G. (2010) El camino organizacional al siglo XXI. Mitos y estrategias de la adaptación laboral. Fundación Neo-humanista, Bogotá.
- ASCUN (Asociación Colombiana de Universidades) (2011). Documentos Responsabilidad Social Universitaria (RSU). Pensamiento Universitario Nº 21. Bogotá.
- Vallaeys, F. (2014). La Responsabilidad Social Universitaria: un nuevo modelo universitario contra la mercantilización. Revista Iberoamericana de Educación Superior, 5(12). https://doi.org/10.22201/iisue.20072872e.2014.12.112
- Pbro. Rodríguez J. (2012) La Responsabilidad Social es inherente a la naturaleza y misión de la Universidad. Universidad Católica Los Ángeles de Chimbote, Perú.
- Vallaeys, F. & De la Cruz C. S. (2009). Responsabilidad social universitaria. Manual de primeros pasos. McGraw-Hill Interamericana Editores, S.A. de C.V. México.
- López, V. (2010). La práctica pedagógica como alternativa para aumentar la resiliencia de la comunidad frente a la ocurrencia de un evento potencialmente catastrófico. Prácticas Docentes en el ámbito universitario. Universidad de La Salle. Bogotá.
- López, V. (2005). Base de datos del Sistema de Información sobre Desastres, Hidrometeorología y Medio Ambiente, SIDHMA. Plataforma Universidad de La Salle. Bogotá.
- IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change). (2018). Resumen para responsables de políticas. En Calentamiento global de 1,5 °C, Informe especial del IPCC sobre los impactos del calentamiento global de 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales y las trayectorias correspondientes que deberían seguir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, en el contexto del reforzamiento de la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, el desarrollo sostenible y los esfuerzos por erradicar la pobreza, Masson-Delmotte V., P. Zhai, H.-O. Pörtner, D. Roberts, J. Skea, P.R. Shukla, A. Pirani, W. Moufouma-Okia, C. Péan, R. Pidcock, S. Connors, J.B.R. Matthews, Y. Chen, X. Zhou, M.I. Gomis, E. Lonnoy, T. Maycock, M. Tignor y T. Waterfield (Eds.).
- Nolan A. (2007). Una espiritualidad de libertad radical. Editorial Sal Terrae. Santander.
8