Resumen
Desde los años 90, América Latina ha experimentado un auge en cartografía participativa y comunitaria, liderada por colectivos de investigadores, activistas y pueblos étnicos. Proyectos como la “cartografía social” y el “mapeo participativo” han sido fundamentales en las luchas y gestión del riesgo territorial de comunidades indígenas y campesinas. En años recientes, el uso de tecnologías abiertas y drones ligeros ha fomentado una mayor participación comunitaria en la gestión y prevención del riesgo de desastres. Herramientas innovadoras como OpenStreetMap (OSM) demuestran el potencial transformador de estas tecnologías, ya que permiten a las comunidades gestionar recursos, coordinar respuestas a crisis y fortalecer su resiliencia. Este estudio plantea el potencial de aplicaciones y tecnologías abiertas a través de la exposición de un caso de estudio en Medellín, San Antonio de Prado, apoyado por el Hub de Mapeo Abierto para Latinoamérica y el Caribe del Equipo de Mapeo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) y liderado por el Semillero GeoLab (Capítulo de YouthMappers - Red Internacional de Estudiantes Universitarios - de la Universidad de Antioquia). Estas aplicaciones ofrecen a las comunidades la capacidad de adquirir competencias de gestión de datos a largo plazo, crear mapas detallados de sus vecindarios, mejorando la infraestructura local y la planificación urbana, además de proporcionar datos valiosos para la toma de decisiones, el monitoreo de cambios y el seguimiento y gestión del riesgo.
Palabras clave: cartografía participativa, Mapeo comunitario, Tecnologías abiertas, Drones, participación comunitaria, OpenStreetMap (OSM), pueblos indígenas y comunidades locales.
Community-based Disaster Risk Management through Participatory Mapping and Open Technologies in San José del Prado, Colombia
Abstract. Since the 1990s, Latin America has experienced a surge in participatory and community mapping, led by collectives of researchers, activists, and ethnic communities. Projects such as “social cartography” and “participatory mapping” have been crucial in the territorial struggles and management of risk of indigenous and peasant communities. In recent years, the use of open technologies and light-weight drones has fostered greater community participation in disaster risk management and prevention. Innovative tools like OpenStreetMap (OSM) demonstrate the transformative potential of these technologies, enabling communities to manage resources, coordinate crisis responses, and strengthen their resilience. This study explores the potential of open applications and technologies through the exposition of a case study in Medellín, San Antonio de Prado, supported by the Open Mapping Hub for Latin America and the Caribbean of the Humanitarian OpenStreetMap Team (HOT) and led by the GeoLab Seedbed (YouthMappers Chapter - International Network of University Students - from the University of Antioquia). These applications offer communities the development of long-term data management capabilities, the ability to create detailed maps of their neighborhoods, improving local infrastructure and urban planning, as well as providing valuable data for decision-making, monitoring changes, and risk tracking and management.
Keywords: critical cartography, community mapping, open technologies, drones, community participation, disaster risk management, OpenStreetMap (OSM), indigenous peoples, and local communities.
1. INTRODUCCIÓN
Desde la década de los noventa en América Latina, ha surgido una variedad de experiencias de cartografía participativa impulsadas por colectivos compuestos por investigadores, activistas, militantes y pueblos étnicos [1]. Se han realizado numerosos proyectos de mapeo bajo distintas modalidades y nombres, como “cartografía social”, “mapeo colectivo” o “mapeo participativo”. Estas iniciativas cartográficas han sido parte integral de las luchas territoriales e identitarias de comunidades indígenas y campesinas principalmente, y han sido promovidas tanto por organizaciones comunitarias como por otros actores sociales y humanitarios.
Estas experiencias se desarrollan dentro de los marcos internacionales, las leyes nacionales y regulaciones emergentes, así como en línea con las mejores prácticas en materia de derechos humanos, que exigen una evaluación proactiva de los impactos potenciales de los proyectos en los derechos colectivos y territoriales. Esto implica implementar medidas para prevenir, mitigar y remediar posibles daños y pérdidas. Por ejemplo, en Europa, instrumentos como el Convenio de Aarhus y la Directiva sobre inundaciones 2007/60/CE destacan la relevancia de la participación pública y el monitoreo comunitario en la toma de decisiones y la gestión de riesgos ambientales.
Asimismo, en América Latina, el Acuerdo de Escazú está siendo adoptado por varios países para garantizar desde sus marcos legales el acceso a la información, la participación ciudadana y la justicia en asuntos ambientales. En noviembre del año pasado, el Congreso de la República de Colombia aprobó la Ley 2273 de 2022, ratificando así el acuerdo.
Bajo este escenario, el mapeo participativo comunitario cobra una importancia significativa, ya que se trata de un proceso en el que las personas pertenecientes a comunidades, movimientos sociales u organizaciones de la sociedad civil crean datos, mapas y sistematizan conocimientos que reflejan sus propias comprensiones territoriales, en contraste con los mapas que suelen ser producidos por el Estado, por empresas privadas o expertos de cualquier sector.
En los últimos años, este enfoque ha innovado mediante el uso de tecnologías abiertas de mapeo, que permiten contrastar y complementar los mapas “oficiales”, muchas veces carentes, con el objetivo de reequilibrar el uso tradicional de la cartografía, la cual históricamente ha reforzado las relaciones establecidas de poder y el monopolio asociado a su producción. Además, esta práctica distribuye el esfuerzo cartográfico al articularse entre múltiples fuentes, que en conjunto pueden lograr un mapa más completo y con actualizaciones más frecuentes del territorio, con una mejor representatividad.
La idea de involucrar a las comunidades en el uso de vehículos aéreos no tripulados de bajo costo, conocidos como drones ligeros, y aplicaciones abiertas para completar la información geoespacial desde lo local no es nueva y se ha abordado desde el ámbito académico, especialmente en el contexto del monitoreo de bosques tropicales. Esto se ha dado particularmente en programas como REDD+ (Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation, por su nombre en inglés) u otros enfocados en la conservación de la biodiversidad [2].
Existe el dilema de las comunidades locales “cartografiar o ser cartografiadas”. A partir de esta premisa, sostiene que el uso de herramientas autónomas de mapeo, con drones como componente del proceso, permite desarrollar formas alternativas de leer y representar el territorio, así como nuevas maneras de abordar su gobernanza, ahora en manos de las propias poblaciones locales.
Hoy en día, la popularidad de las aplicaciones abiertas y de los drones, está en constante crecimiento. Su capacidad para recopilar imágenes que son una base fundamental para la creación de información territorial, de manera rápida, rentable y autónoma, los posiciona como una opción preferida frente a alternativas de alto costo, como imágenes de licencias privadas, las imágenes satelitales o la fotografía aérea desde aviones tripulados.
Este aumento en su uso se debe, en gran parte, a los avances tecnológicos recientes, que han permitido la diversificación, miniaturización y reducción de costos en tecnologías espaciales, un aumento en la variedad de sensores y cámaras que pueden instalarse en drones ligeros, así como la aparición de soluciones de código abierto pensadas para un público no especializado, para el procesamiento de imágenes. Esto los convierte en herramientas versátiles, adaptables y accesibles para diversos sectores.
Los medios innovadores habilitados por las tecnologías de la información y la comunicación tienen el potencial de otorgar a las comunidades un rol significativamente nuevo en la toma de decisiones territoriales. Sin embargo, y a pesar de costos más y más accesibles, es fundamental reconocer las limitaciones de acceso a estas tecnologías antes de implementar un proyecto.
En este sentido, Nicolás Vargas-Ramírez [3] advierte que la adquisición de un dron y el diseño de un proyecto comunitario basado en el uso de imágenes deben ir acompañados de una reflexión crítica sobre las implicaciones, tanto positivas como negativas, que esta tecnología podría tener en una comunidad u organización social específica.
Es necesario considerar en qué medida el enfoque, ya sea impulsado desde intereses externos o internos, beneficia realmente a la comunidad, facilitando su aprendizaje, respetando la pertinencia cultural del enfoque y del método de formación, y finalmente, amplificando la voz y la visión territorial de los pueblos indígenas y las comunidades locales.
Es en este contexto, marcado por la necesidad de aplicaciones abiertas, redes de gobernanza y respuestas humanitarias y comunitarias efectivas, que han surgido herramientas innovadoras como OpenStreetMap (OSM) hace ya veinte años. Esta plataforma colaborativa y de código abierto permite a personas de todo el mundo contribuir a la creación y actualización constante de un mapa base detallado, lo cual resulta especialmente valioso en contextos de desarrollo y ayuda humanitaria.
OSM se ha consolidado como una herramienta esencial para el mapeo en zonas afectadas por desastres o conflictos, gracias a su carácter colaborativo y a la gratuidad de sus herramientas de edición, que permiten una intervención rápida y eficaz. De este modo, proporciona información precisa y actualizada para la toma de decisiones en situaciones de emergencia.
Además, el uso de OSM y otras herramientas similares está en constante evolución, a medida que las comunidades descubren nuevas formas de generar y aprovechar datos geográficos sobre sus territorios. Esto contribuye a mejorar la planificación comunitaria, gestionar recursos, coordinar respuestas ante crisis y fortalecer la resiliencia local [4–7].
La naturaleza abierta y colaborativa de estas tecnologías y su diseño accesible para públicos no especializados permiten a actores locales y globales liberarse de una fase que tradicionalmente ha sido altamente demandante en recursos materiales y humanos: la gestión para el acceso a insumos, datos, imágenes y software. Esta etapa sigue representando, en muchos contextos, un obstáculo importante para la planeación territorial.
Las tecnologías y los enfoques colaborativos fomentan el trabajo conjunto frente a desafíos complejos, promoviendo la participación comunitaria y la transparencia tanto en el proceso metodológico como en el acceso a la información.
El objetivo de este capítulo aborda de manera integral los conceptos de mapeo y monitoreo comunitario, destacando su relevancia y su vinculación con nociones clave como la gobernanza. A continuación, se presenta un caso de estudio en la ciudad de Medellín que demuestra el uso e impacto de OSM como base de datos geográficos colaborativa, así como de tecnologías asociadas a OSM, incluyendo la implementación de drones ligeros en un proyecto liderado por Hub de Mapeo Abierto para Latinoamérica y el Caribe del Equipo de Mapeo Humanitario de OSM (HOT) [8] y el capítulo Geolab de la Universidad de Antioquia [9].
Este estudio destaca el potencial transformador de estas tecnologías cuando son utilizadas directamente por comunidades y movimientos sociales en diversos contextos, incluyendo zonas rurales, periurbanas, urbanas, así como comunidades indígenas, agrícolas y afrodescendientes, entre otros.
2. ¿A QUÉ NOS REFERIMOS CON MAPEO ABIERTO Y MONITOREO PARTICIPATIVO COMUNITARIO?
Numerosas organizaciones desarrollan experiencias que combinan enfoques participativos y tecnológicos para fortalecer la autonomía territorial de las comunidades. Desde la experiencia de HOT, el mapeo y el monitoreo comunitario se entienden como procesos autónomos y periódicos, en los cuales individuos o grupos comunitarios reciben capacitaciones para el uso de aplicaciones abiertas de mapeo, y recolectan datos, información o conocimientos basados en sus propias necesidades y visiones del territorio.
2.1 Objetivo del mapeo y monitoreo comunitario
El objetivo de HOT es contribuir al seguimiento y la comprensión sistematizada de las problemáticas territoriales que enfrentan las comunidades, así como de las transformaciones que ocurren en sus entornos, con el fin de favorecer una toma de decisiones más comprensiva e incluyente, ya sea a nivel individual, comunitario o institucional.
Los principios de datos abiertos establecen que las personas deben tener acceso a los datos, compartirlos y hacerlos utilizables para aquellos que más los necesiten. La aplicación de este enfoque en la gestión del riesgo de desastres fomenta una mejor comprensión y compartición de la información de riesgo con las poblaciones vulnerables.
El proyecto sujeto de este capítulo hizo uso de las tres dimensiones del concepto de riesgo (amenaza, exposición y vulnerabilidad) [10], generando datos sobre cada una de ellas, con el objetivo de comprender mejor el problema antes de comunicarlo a través de diversos formatos.
Además, al comunicar estos datos de manera efectiva a través de diversos formatos, se garantiza que la información sea accesible para una amplia gama de audiencias, incluidas aquellas con diferentes niveles de alfabetización y acceso a la tecnología. Este enfoque no solo aumenta la conciencia sobre el riesgo, sino que también empodera a las comunidades para tomar medidas proactivas destinadas a reducir su vulnerabilidad y fortalecer su resiliencia ante desastres.
Por otro lado, vale la pena destacar que evaluar el riesgo es una tarea costosa y demandante en términos de datos. Cuando la información se genera en sistemas cerrados, los escasos recursos disponibles para la gestión de riesgos se destinan a la creación, búsqueda y uso de datos, y en muchas ocasiones, no se alcanza el nivel de profundidad necesario para una acción oportuna, mucho menos para un enfoque que incorpore la historicidad deseada.
Facilitar el acceso a datos abiertos sobre el riesgo de desastres permite liberar recursos, que podrían emplearse de manera más eficaz en la gestión de la exposición y el impacto, y favorece una comprensión más integral de las distintas dimensiones del riesgo.
En este sentido, la disponibilidad de datos y tecnologías abiertas permite avanzar hacia la creación de una norma abierta e interoperable de metadatos, destinada a describir los conjuntos de datos sobre riesgos utilizados en las evaluaciones de riesgos climáticos y de catástrofes.
Esta medida facilita la reducción de riesgos y el fortalecimiento de la resiliencia, al permitir que las instituciones describan sus conjuntos de datos de manera estandarizada, lo que ayuda a las comunidades a identificar aquellos que mejor se ajustan a sus necesidades. Entre las organizaciones que producen o utilizan con frecuencia estos conjuntos de datos se encuentran organismos humanitarios, compañías de seguros, instituciones académicas y bancos multilaterales de desarrollo.
Utilizar aplicaciones abiertas y disponer de los datos de gestión de riesgos proporciona una serie de beneficios, incluyendo un aumento en la confianza, la maximización del retorno de la inversión y la capacidad de identificar y cubrir brechas de datos a partir de mapeos participativos y comunitarios. Esto es particularmente importante dada la naturaleza dinámica de la evaluación de riesgos; en un mundo donde los entornos construidos, la infraestructura y las poblaciones cambian constantemente, además de los fenómenos naturales mismos, los datos abiertos ofrecen más oportunidades para adaptar y mejorar los datos que utilizamos para modelar el riesgo con una perspectiva histórica, y prepararse.
De esta manera, HOT, desde su inicio en 2010, y su Hub de Mapeo Abierto en América Latina y el Caribe (Hub LAC) desde 2021, han trabajado en la creación y provisión de datos cartográficos, así como en la construcción de capacidades en el mismo sentido en instituciones y comunidades de distintos sectores, según tres vertientes de acciones.
Una de las categorías de proyectos de mapeo comunitario tiene como objetivo principal ampliar el conocimiento sobre un entorno específico, elegido por interés científico, y suele surgir por iniciativa de aliados académicos (mapeo orientado a la ciencia) [11].
Frente a una preocupación por la observación y el monitoreo del espacio expuesto, la tendencia de estos proyectos es desarrollar metodologías para el levantamiento de datos en áreas conocidas por su exposición a fenómenos particulares que afectan a grupos poblacionales o sectores económicos, generando pérdidas para la sociedad y el medio ambiente.
HOT promueve la incorporación de una dimensión participativa en este tipo de proyectos, involucrando a las comunidades no solo como ayudantes, voluntarios o consultores, sino desde el co-diseño del modelo de datos, generando capacidades para el monitoreo a largo plazo y para el uso oportuno de la información en procesos complementarios que puedan ser liderados por la propia comunidad.
El mapeo comunitario orientado a la ciencia busca visibilizar el potencial metodológico y técnico del enfoque tanto para comunidades como para instituciones públicas, con el propósito de difundir una perspectiva inclusiva y acercar herramientas útiles para el desarrollo en países y regiones con recursos limitados. Dentro de esta línea de acción, se hace énfasis en la calidad de los datos y en el rigor científico, prestando especial atención a la precisión, validez y fiabilidad, sin perder de vista el valor del conocimiento local desde la etapa de creación de los datos base.
Una segunda categoría en el origen de los proyectos incluye aquellos que surgen por iniciativa de un gobierno local o nacional, o bien de una comunidad que se encuentra en un proceso de gestión conjunta con su gobierno. El objetivo de estos proyectos es generar un cambio en la manera de abordar y operar la gestión del territorio, mediante iniciativas orientadas a la acción y al impacto concreto.
En el caso del mapeo comunitario promovido desde las instituciones y las políticas públicas, HOT impulsa las siguientes dimensiones:
- El compromiso público en una serie de acciones que permita un cambio de paradigma de largo plazo hacia lo colaborativo;
- La creación de una base de apoyo en las comunidades para la creación de datos, hacia las instituciones, camino que permite sostener una actualización de datos de calidad, reflejo del conocimiento local, incluyente, de bajo costo, y dando la perspectiva histórica que requiere una gestión más integral de riesgos y desastres;
- El impulso del sentimiento de apropiación por parte de la ciudadanía en el proceso de dichas políticas públicas.
En los proyectos de mapeo comunitario impulsados por intereses colectivos, los criterios de éxito son la creación de espacios para que las personas interactúen entre los distintos sectores en presencia, intercambien, se formen, colaboren y encuentren las herramientas adecuadas para desarrollarse como colectividad. Los enfoques y competencias también quieren permitir que cada actor, junto o separado, pueda desarrollar mejor potenciales temáticas conexas.
Por último, en los proyectos de mapeo comunitario impulsados por preocupaciones locales y apoyados por organizaciones civiles, la iniciativa suele surgir de pequeñas ONG, asociaciones o colectivos, con diversos grados de formalización, que integran o colaboran estrechamente con miembros de comunidades locales para abordar retos específicos. También puede tratarse de comunidades que, desde su propio sistema de liderazgo, buscan a un actor intermedio que pueda brindar soporte técnico y metodológico a su causa.
Estos grupos y organizaciones suelen tener niveles limitados, o incluso nulos, de capacidades técnicas en la creación y manejo de datos cartográficos, por lo que a menudo recurren a universidades u otras organizaciones sin fines de lucro más consolidadas para suplir esta necesidad.
En este tipo de configuración, HOT busca desarrollar procesos metodológicos ajustados a las condiciones locales, considerando factores como el acceso a tecnologías, la conectividad, las particularidades lingüísticas y el nivel de competencia en el uso de tecnología y datos. Además de adaptar las herramientas más adecuadas para cada caso, también se toman en cuenta los aspectos de gobernanza local, con el objetivo de instalar capacidades y procesos de monitoreo sostenibles a largo plazo.
Los criterios clave para evaluar el éxito de este tercer enfoque se centran en su capacidad para abordar de manera efectiva las problemáticas que afectan a las comunidades y a las personas en su vida cotidiana. Estos criterios incluyen la habilidad para fomentar el aprendizaje social, así como la promoción de cambios y transformaciones que impulsen la adopción de prácticas más sostenibles y la construcción de un modelo alternativo de planeación y gestión territorial.
Un criterio final de éxito es la capacidad de las comunidades para replicar y adaptar las metodologías por iniciativa propia, aplicándolas a nuevas causas. Este aspecto está especialmente vinculado con aquellas comunidades que viven cotidianamente los efectos de la injusticia espacial y ambiental, y representa la vertiente que mejor ejemplifica el caso de estudio que exploraremos a continuación.
Estos enfoques (impulsados desde la política pública; la ciencia; una preocupación local; o bien un interés específico) se describen y sintetizan en la Figura 1, la cual muestra el grado de colaboración y el potencial de transformación que implica cada modelo de monitoreo comunitario según cómo se concibe y desarrolla.
2.2 Gobernanza abierta e inclusiva
Antes de adentrarnos en el estudio del caso de San Antonio de Prado, es importante señalar cómo la investigación reciente ha analizado la influencia de los avances tecnológicos, como los sistemas de información geográfica, en la participación comunitaria [4]. Por ejemplo, el trabajo de Wehn, titulado Citizen Observatories of Water: Social Innovation via eParticipation?, establece que, aunque el mapeo comunitario tiene un potencial significativo, no garantiza por sí solo una mayor participación activa de la ciudadanía en la gestión del riesgo de inundaciones, ni mejora automáticamente la comunicación entre las partes interesadas. Esto ocurre especialmente cuando no existe un trabajo en red ni una gobernanza sólida que promueva la participación temprana a lo largo de todo el proceso de construcción de la gestión local.
La consulta o participación de las comunidades en la recopilación de datos es un paso inicial común en los procesos de planeación participativa, pero alcanzar una verdadera coparticipación en la toma de decisiones sigue siendo un desafío para los actores locales.
No obstante, la integración cuidadosa de las características interactivas del mapeo comunitario con las estructuras institucionales existentes puede fortalecer tanto la gestión del riesgo como la participación ciudadana en estos procesos a largo plazo, dejando tras de sí conciencia, interés y capacidades técnicas y sociales que pueden difundirse potencialmente. Esta colaboración entre comunidades y autoridades aparece como un factor clave para lograr una gestión del riesgo más efectiva y comprensiva.
En este sentido, este texto entiende la gobernanza como “los procesos colectivos, tanto formales como informales, que determinan en una sociedad cómo se toman decisiones y se establecen normas sociales en relación con los asuntos públicos y territoriales” [7]. Y, desde esta definición, plantea la necesidad de abordar una pregunta fundamental: ¿Cómo la cartografía colaborativa, comunitaria y abierta se convierte en un instrumento para una gobernanza territorial inclusiva de base local y le da sustento, especialmente en contextos de países en desarrollo fuertemente expuestos a los efectos del cambio climático, como Colombia?
En algunos casos, los proyectos de cartografía colaborativa han surgido como respuesta a la necesidad de contar rápidamente con mapas actualizados para atender situaciones específicas, en contextos donde la cartografía oficial no podía satisfacer la demanda. Las consideraciones de sostenibilidad suelen aparecer en una etapa posterior, y buscan aprovechar los mapas generados para atender otras necesidades locales, como ampliar la cobertura, mejorar la actualidad y aumentar el nivel de detalle cartográfico.
En otros casos, donde la dinámica no responde a una demanda urgente y consensuada de una comunidad, sino a un reto territorial de más largo plazo y alejado de la cotidianidad inmediata, los desafíos incluyen:
- Mantener la participación y la capacitación constante de los mapeadores locales;
- Sostener los esfuerzos comunitarios mediante su formalización, lo que puede implicar dificultades financieras;
- Enfocar los proyectos en lograr un impacto concreto a través de una colaboración integral con las autoridades territoriales, desarrollando la capacidad comunitaria para gestionar proyectos y dialogar con las instituciones.
Estas cuestiones son fundamentales para garantizar la continuidad y la efectividad de la gobernanza abierta.
Aunque OSM cuenta con una comunidad sólida de usuarios regionales y finales, con miles de voluntarios regulares, persiste la necesidad de motivar constantemente el esfuerzo de mapeo remoto en OSM. Cuando se trata de trabajar en países en vías de desarrollo, este problema se agudiza aún más por la brecha técnica y de conectividad en estas regiones, además de la limitada capacidad de voluntariado en contexto de relativa pobreza.
3. CASO DE ESTUDIO: SAN ANTONIO, TECNOLOGÍAS ABIERTAS Y DRONES
San Antonio de Prado es un corregimiento municipal (división rural de un municipio) ubicado al suroccidente de la ciudad de Medellín, caracterizado por frecuentes reportes de amenazas naturales [12–16]. Recientemente, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo (DAGRD) lo ha reconocido como uno de los sectores de la ciudad con alta vulnerabilidad a deslizamientos [17].
Este corregimiento, conformado por ocho veredas, presenta más de una cuarta parte de su extensión en categoría de amenaza alta o media por movimientos en masa, según datos de información geográfica abierta extraídos del Catálogo Geográfico de Medellín [18] (Figura 2).
A pesar de este panorama, la gestión del riesgo por parte de las entidades responsables no parece alcanzar la cobertura ni la atención necesarias, lo que evidencia la importancia de implementar herramientas culturalmente pertinentes y de libre acceso, que contribuyan y presionen positivamente la toma de decisiones en este contexto.
En vista del alto grado de amenaza por deslizamientos en el corregimiento, nace el Voluntariado Ambiental para la Prevención de Emergencias en San Antonio de Prado (VAPES), a partir de la preocupación de líderes comunales y consejeros corregimentales por conformar comités comunitarios enfocados en la prevención y respuesta ante estos eventos.
VAPES surge a principios del año 2023 como una iniciativa de la consejera ambiental del Consejo Comunal o Corregimental de Planeación (CCCP), un espacio conformado por líderes que promueven e impulsan la planeación participativa en las comunas y corregimientos de Medellín [12].
El voluntariado tiene como propósito liderar, planificar y ejecutar actividades relacionadas con la gestión ambiental y el riesgo frente a amenazas naturales. Esto se traduce en acciones en el territorio como la limpieza de áreas naturales, la plantación de árboles, la sensibilización ambiental y la educación comunitaria sobre prácticas sostenibles, entre otras.
Motivados por la visión de seguir aportando a la gestión del riesgo comunitaria, VAPES, integrantes del capítulo YouthMappers de la Universidad de Antioquia (GeoLab) y la ONG internacional HOT se articularon para atender esta problemática desde un enfoque centrado en la generación de información y la promoción de la gestión comunitaria. Este enfoque busca fortalecer el rol activo de la comunidad en la producción y uso de información para la toma de decisiones.
Con base en lo anterior, el objetivo fue contribuir, a través del mapeo abierto, a la actualización de información cartográfica y al fortalecimiento del conocimiento comunitario en el uso de herramientas de mapeo para la gestión del riesgo.
Esta contribución fue clave para apoyar las estrategias del Plan Municipal de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín, en términos de apropiación y corresponsabilidad frente a la amenaza y la vulnerabilidad [19], buscando articular a la comunidad con las autoridades locales en el manejo de riesgos de desastres.
3.1 Metodología
Teniendo en cuenta la extensión del territorio del corregimiento (50.77 Km²) [12], el proyecto se enfocó en actualizar información cartográfica de cuatro de las ocho veredas del corregimiento (La Verde, Potreritos, Montañita, El Salado) en la plataforma OpenStreetMap (OSM) y registrar puntos de amenaza a deslizamientos percibidos por la comunidad (puntos donde la pendiente o la estabilidad del suelo desde la percepción comunitaria sugerían un monitoreo y una solicitud de revisión para el DAGRD). Estos registros se utilizarían más adelante para delimitar una zona prioritaria para mapeo con dron. Lo anterior se realizó en las siguientes fases.
3.1.1 Trabajo con los actores involucrados
Con la creación del grupo voluntario VAPES, se iniciaron convocatorias dirigidas a líderes y miembros de la comunidad interesados en participar en actividades orientadas a estudiar y proponer medidas ante posibles amenazas identificadas en el territorio.
Gracias a la cercanía de algunos estudiantes del grupo GeoLab con el corregimiento, comenzó a tejerse un vínculo con la comunidad, a través de la participación de estos estudiantes en las reuniones del grupo. Esto dio lugar a un espacio de conversación entre el sector comunitario y el estudiantil universitario, centrado en las posibles acciones para contribuir a la gestión del riesgo.
A partir de este diálogo, surgió una reflexión conjunta sobre el potencial, las ventajas y las limitaciones de las metodologías colaborativas de mapeo abierto para la generación de información cartográfica.
Estas ideas se materializaron en una propuesta concreta al conseguir apoyo y financiación por parte de HOT, lo que permitió establecer los objetivos del proyecto. Si bien se buscó la participación activa del DAGRD, la presencia institucional se limitó al equipo social y no incluyó a especialistas en riesgo, lo que dificultó la estandarización en la recolección de información sobre deslizamientos desde un enfoque técnico.
Por lo tanto, aunque los capacitadores y líderes del proyecto contaban con conocimientos en herramientas geoespaciales abiertas, solo se logró actualizar y validar la información relacionada con veredas y caminos. En cambio, la recolección de datos sobre deslizamientos por parte de la comunidad se basó en su propia noción y percepción del riesgo.
A pesar de esta limitación, los registros obtenidos desde esta mirada comunitaria dieron lugar a hallazgos relevantes, como se detallará más adelante en los análisis.
Después del proyecto, se continuó manteniendo una conversación abierta con representantes del DAGRD, a partir de este caso de estudio, con el objetivo de analizar, estandarizar y explorar el alcance de estos modelos dentro del marco metodológico de gestión del riesgo que coordina la institución.
El trabajo con la comunidad enfrentó diversos retos y limitaciones. El principal fue lograr el involucramiento activo de la comunidad en todas las etapas del proyecto. A pesar de la disposición de los miembros de VAPES, muchos de ellos son líderes políticamente activos y forman parte del CCCP, cuyas agendas se vieron afectadas con el inicio del periodo electoral territorial en octubre de 2023 [20]. Esto dificultó la regularidad de las reuniones y dispersó la participación, la cual solo se restableció una vez concluida la jornada electoral.
Este riesgo fue identificado desde la etapa de planificación del proyecto y como medida anticipatoria, se dejó disponible información sobre las herramientas y talleres en un micrositio [21] creado por el equipo, para que los líderes pudieran acceder a estos recursos de forma autónoma. Sin embargo, el impacto fue mayor al previsto, lo que llevó a una extensión del calendario mucho más prolongada de lo esperado, interrumpiendo la frecuencia necesaria para lograr una capacidad instalada más sólida.
Es importante considerar este tipo de situaciones como parte de las estrategias de mitigación de riesgos, incorporando no solo flexibilidad en los cronogramas, sino también la diversificación del liderazgo y la participación de un mayor número de actores clave, de modo que la continuidad del proyecto no dependa exclusivamente de un grupo reducido de líderes o convocantes.
3.1.2 Entrenamiento de la comunidad
En cuanto a las sesiones de capacitación, se buscó familiarizar y entrenar a la comunidad en trabajo colaborativo y herramientas para el mapeo participativo. Se realizaron alrededor de 10 reuniones entre el 10 de octubre de 2023 y el 15 de diciembre de 2023, enfocadas en familiarizar a las personas con herramientas geoespaciales y colaborativas abiertas (OSM, Mapillary y KoboToolbox) para actualizar cartografía.
La capacitación se organizó con el apoyo de un tallerista y de miembros del capítulo GeoLab, quienes colaboraron en la estructuración de los talleres realizados en la sala múltiple del Centro de Desarrollo Social de San Antonio de Prado.
Las sesiones se desarrollaron en ciclos de dos talleres, abordando los siguientes temas:
- Introducción al mapeo colaborativo y a la cartografía.
- Herramientas geoespaciales abiertas para la actualización de información geográfica, incluyendo Kobo, Mapillary y la plataforma OpenStreetMap.
- Características y potencialidades de OpenStreetMap, su comunidad, base de datos y principios para el ingreso de información.
- Edición cartográfica en el mapa abierto mediante el editor OSM iD [22].
Posteriormente, se guió al grupo de participantes a una salida de campo para mapear la zona donde se obtuvieron los registros con Kobo, acompañados por miembros de GeoLab. También se organizó una sesión complementaria de cartografía a distancia, realizada por el mismo grupo.
El éxito de esta fase depende de una convocatoria adecuada para reclutar personas genuinamente interesadas en la gestión del riesgo, con competencias y disposición para el uso de herramientas cartográficas abiertas. En este caso, se partió de un grupo comunitario y político con una preocupación activa por su territorio ante las amenazas identificadas. Sin embargo, se recomienda realizar una investigación preliminar exhaustiva en el área de intervención, con el fin de identificar no solo un involucramiento activo, sino también una adaptación contextual adecuada (uso de tecnologías y dispositivos móviles), un rango de edad óptimo, y un reconocimiento amplio de liderazgos y sectores diversos de la comunidad (más allá del comunitario).
Estos aspectos son determinantes para asegurar la responsabilidad y el compromiso del grupo focal con los objetivos del proyecto, así como su capacidad de respuesta ante el uso de herramientas tecnológicas abiertas.
3.1.3 Registro de puntos propensos a deslizamientos
Para inventariar y georreferenciar los puntos identificados por la comunidad como potenciales áreas de deslizamiento, se utilizó un formulario de encuesta a través de la aplicación KoboToolbox. Esta herramienta permite tomar fotografías y otros archivos multimedia, registrar coordenadas geográficas y añadir información asociada a cada punto.
El uso de esta aplicación fue bien recibido por la comunidad debido a su practicidad, interfaz intuitiva y la posibilidad de recolectar datos sin necesidad de conexión a internet o uso de datos móviles.
Además, el hecho de que la propia comunidad participara en la construcción del formulario de encuesta fomentó un mayor involucramiento en el proceso de recolección, ya que comprendía con claridad la información que se solicitaba. El uso de Kobo no solo permitió visibilizar los puntos reportados, sino también analizarlos junto con la comunidad, gracias a las herramientas de visualización, gráficos y tabulación de datos que ofrece la plataforma.
La metodología para ejecutar las encuestas se desarrolló en tres sesiones. En la primera, se discutió con la comunidad qué información debía contener el formulario, se construyó colectivamente y se realizó una prueba piloto. La segunda y la tercera sesiones se dedicaron al trabajo de campo, en el que participaron tanto los miembros de la comunidad como estudiantes del capítulo GeoLab.
El formulario se utilizó como herramienta para recolectar información sobre puntos que la comunidad percibía como propensos a deslizamientos, y se diseñó para obtener una descripción sencilla de cada registro. Se consideraron características visibles (como grietas, erosión, árboles inclinados, entre otros), si el punto podía ser producto de una reincidencia (historial de deslizamientos), si comprometía infraestructura cercana, y si había sido notificado o intervenido por alguna entidad con jurisdicción.
Para cada registro también se identificó la ubicación geográfica y se tomó al menos una fotografía [23].
Uno de los aspectos clave en el uso de esta aplicación para generar información sobre amenazas es involucrar a las instituciones responsables de la gestión del riesgo, con el fin de que acompañen y contribuyan a la estandarización de las preguntas del formulario.
Si bien la información registrada y percibida únicamente por la comunidad es valiosa y ha generado hallazgos relevantes (ver análisis y resultados), la experiencia demuestra que es recomendable que los datos recolectados respondan no solo a las necesidades y preocupaciones comunitarias orientadas a la autogestión, sino que también sean útiles para satisfacer criterios técnicos. Esto permite una mejor articulación con las autoridades y facilita la vigilancia periódica por parte de un cuerpo técnico especializado en la amenaza presente en la zona.
3.1.4 Generación de Ortofoto
La actualización cartográfica de cuatro veredas en OpenStreetMap (OSM) se llevó a cabo utilizando una imagen digital de Medellín de 2021 [24] y una ortofoto complementaria generada con dron como parte de este proyecto, en noviembre de 2023 [25]. Esta última fue producida para una de las zonas afectadas por deslizamientos, con el objetivo de mejorar la resolución de referencia y establecer una base de observación para monitorear la evolución del área.
El proceso se desarrolló en varias etapas:
- Delimitación del área potencial: Se trazó una circunferencia (color negro, Figura 4) en una de las reuniones con la comunidad, considerando registros de deslizamientos conocidos, la percepción local del riesgo (datos almacenados en KoboToolbox), y las sugerencias comunitarias sobre áreas afectadas.
- Reconocimiento de la zona: Se identificaron condiciones de accesibilidad, necesidades logísticas y la extensión adecuada de la ortofoto. A través de las aplicaciones Mapillary y OSMTracker, se capturaron secuencias de imágenes a nivel de calle y se registraron puntos potenciales para el vuelo del dron (lugares accesibles, con buena visibilidad panorámica, poco cableado, etc.).
- Exploración y análisis de la información: Se realizó un cruce de datos entre los puntos de interés, las imágenes de Mapillary y la información comunitaria para definir un polígono óptimo para la generación de la ortofoto, considerando principalmente la accesibilidad y la logística del vuelo.
Este proceso derivó en la delimitación de un área de 150 hectáreas (polígono amarillo, Figura 4).
Finalmente, para la ejecución de los vuelos con dron fue necesario dividir el área de mapeo en tres zonas, utilizando tres rangos de altitud diferenciados (cada uno de 100 m). Esta estrategia permitió evitar colisiones, dado que se trata de una zona montañosa (Figura 5).
La información topográfica fue obtenida a partir de un modelo de elevación digital descargado de la plataforma EOS.COM [26] y procesada en el sistema de información geográfica QGIS. Cada una de las tres zonas se subdividió en polígonos para ejecutar los vuelos a una altura de 150 m, es decir, por encima de los 100 m establecidos para evitar choques en las fronteras entre zonas.
Los vuelos se realizaron utilizando la aplicación Pix4D Capture. Antes de las misiones principales, se realizaron pruebas para evaluar el comportamiento del dron e identificar posibles riesgos durante los vuelos. Las imágenes obtenidas se procesaron posteriormente en el software Agisoft para generar la ortofoto final.
Aunque el conocimiento local es fundamental para la delimitación del área potencial de mapeo, se recomienda incluir también la participación de un cuerpo técnico de la institución encargada de la gestión del riesgo, que pueda aportar información sobre registros de amenazas, así como la ubicación de zonas críticas y vulnerables en el territorio. Esta articulación permitiría, en condiciones ideales, definir el área de vuelo a partir del solapamiento entre la información comunitaria y los criterios técnicos, facilitando una mejor priorización del área de intervención.
Si bien en algunas sesiones se contó con la participación de representantes del DAGRD, no se compartió información oficial sobre los eventos registrados en la zona. Las imágenes generadas durante los vuelos sirvieron como base para el mapeo remoto posterior (ver sección siguiente) y para un análisis más detallado de la amenaza por deslizamientos (ver en Análisis y Resultados).
3.1.5 Mapeo remoto y en campo
La actualización geográfica se realizó en tres etapas, comenzando con un mapeo remoto inicial, en el que se utilizaron imágenes digitales para generar una base cartográfica preliminar, dibujando los edificios, caminos y vías visibles en las imágenes.
En la segunda fase, se realizó un mapeo en campo, mediante recorridos a pie y en motocicleta por las principales vías de acceso a las cuatro veredas, recolectando secuencias fotográficas de las zonas. Además, se utilizó KoboToolbox para registrar fotos e información georreferenciada de las viviendas ubicadas en la zona mapeada con dron, incluyendo características como el material de construcción y el número de pisos. Esta información sirvió como herramienta de verificación y complemento, y también permitió anotar datos adicionales relevantes durante el recorrido.
La tercera fase consistió en un mapeo remoto final, desarrollado a lo largo de un ciclo de 10 sesiones de mapeo distribuido, utilizando la plataforma Tasking Manager de HOT [27]. Durante este proceso, se emplearon las fotografías de nivel calle obtenidas con Mapillary y la información recopilada con KoboToolbox para agregar atributos a los edificios, vías y caminos en OSM, con el fin de asegurar que la información cartográfica fuera lo más precisa y detallada posible.
Si bien Kobo Collect también fue utilizado para registrar fotografías, características y coordenadas de edificaciones, su fortaleza se centró en el almacenamiento y análisis desde su interfaz, aunque no resultó adecuada para enlazar directamente la información al mapa abierto de OSM.
3.1.6 Limitaciones de esta metodología
Las limitaciones más importantes se resumen en torno a la articulación entre actores y dinámicas comunitarias. Se desarrollan a continuación a modo de orientación para futuras experiencias.
Falta de articulación técnica desde el inicio del proyecto: Uno de los obstáculos centrales fue la ausencia de especialistas técnicos e institucionales dentro del marco de gobernanza desde el arranque del proyecto. Esto generó una brecha entre la visión comunitaria, que predominó gracias al trabajo del equipo del proyecto (sociedad civil), y la perspectiva técnica requerida para estandarizar los datos sobre deslizamientos. Aunque se intentó mitigar esta situación mediante diálogos posteriores con la entidad correspondiente y el uso de datos comunitarios como insumo inicial, la ausencia de asesoría técnica afectó la definición metodológica en las fases iniciales y de validación del inventario.
Interferencia del contexto político y fragilidad organizativa: El proceso enfrentó dificultades vinculadas al contexto electoral local de 2023, que interrumpió la participación constante de actores comunitarios, varios de ellos con cargos políticos. Esto redujo la frecuencia de reuniones y afectó la continuidad del proceso. La estrategia de mitigar esta pausa con un micrositio de autoformación no logró compensar del todo la interrupción. Se evidenció la necesidad de diversificar liderazgos y aumentar el número de actores implicados para dar mayor estabilidad y resiliencia a la organización. En este sentido, se subraya la importancia de considerar desde el inicio el contexto político e institucional en la planificación de proyectos comunitarios.
Dependencia de un grupo limitado y falta de representatividad: Aunque el proceso formativo fue exitoso gracias a talleristas y al equipo de GeoLab, se sostuvo principalmente en el entusiasmo inicial de un grupo reducido de participantes. Esto refleja una debilidad estructural relacionada con la falta de un análisis previo que permitiera integrar un grupo más representativo de la comunidad, en términos generacionales, ocupacionales, y de acceso tecnológico y alfabetización digital. Además, el concentrar el liderazgo del proyecto en un grupo políticamente activo ayudó al inicio, pero limitó su capacidad de expandirse a otros sectores de la comunidad o sostenerse a largo plazo. La planeación futura deberá incluir análisis previos del contexto comunitario y criterios más inclusivos para asegurar sostenibilidad.
Desarticulación entre metodologías comunitarias y criterios técnicos: En el registro de puntos de deslizamiento, aunque la herramienta KoboToolbox facilitó la participación y funcionó técnicamente, el formulario fue diseñado sin validación por parte de expertos en gestión de riesgos. Esto impidió incluir criterios normativos esenciales para que los datos pudieran utilizarse directamente por sistemas institucionales. A pesar de los esfuerzos de análisis colectivo posterior, quedó clara la necesidad de vincular desde el diseño a los actores técnicos para que el esfuerzo comunitario tenga mayor relevancia y aplicabilidad en instancias oficiales.
Falta de coordinación en el levantamiento con dron: El levantamiento de ortofotos enfrentó importantes dificultades logísticas, debido a la topografía compleja, que requirió subdividir el territorio y hacer pruebas para garantizar la seguridad del vuelo. Además, la selección del área se basó únicamente en información comunitaria sin una contraparte técnica que aportara criterios oficiales sobre zonas prioritarias. Esta falta de alineación impidió definir una zona de intervención que combinara objetivos comunitarios e institucionales, desaprovechando el alto costo logístico de esta actividad. Para maximizar su impacto, estos procesos deberían plantearse desde una gobernanza compartida que alinee capacidades y prioridades.
3.2 Análisis y resultados
Con la participación de estudiantes de YouthMappers y miembros de VAPES, en apoyo técnico a la comunidad de San Antonio, se mapearon en total 4,286 edificios en las cuatro veredas y 31 kilómetros de vía. Se añadieron atributos a OSM como tipo de edificio (religioso, educativo, comercial, etc), material de construcción (concreto, adobe, madera, entre otros) y número de pisos. Se actualizó también información relacionada con vías y caminos (tipo de camino, tipo de vía, dirección de la vía, superficie y estado).
Se registraron 59 puntos en total percibidos por la comunidad como propensos a deslizamientos, de los cuales seis fueron considerados como puntos críticos por personal técnico del DAGRD, que acompañó algunas reuniones (estos datos fueron almacenados únicamente en KoboToolbox). La exploración de esta información junto con la comunidad tuvo como objetivo inferir y extraer conclusiones que permitieran cuestionar dinámicas relacionadas con el uso del suelo, la pérdida de patrimonio natural, la construcción no planificada y la infraestructura inadecuada de drenaje, entre otros factores.
Este proceso de concienciación impulsó a los participantes a proponer medidas orientadas a mitigar la vulnerabilidad del territorio, integrando estos aspectos en los proyectos impulsados por las juntas de acción comunal.
Los datos registrados en Kobo sugieren que la percepción de amenaza por parte de los participantes se relaciona estrechamente con el impacto potencial sobre las vías, ya que son los espacios por donde transitan habitualmente.
Esta información puede ser útil para identificar zonas con tendencia a la reptación superficial (o inestabilidad superficial del terreno), un tipo de movimiento de ladera que ocurre comúnmente a lo largo de vías o vertientes y que puede provocar daños leves o moderados [28].
Aunque el efecto destructivo de este tipo de fenómeno suele ser bajo, los costos asociados a la reparación de vías o caminos pueden ser elevados, debido a que afecta tramos considerables, a veces de varios kilómetros, a lo largo de carreteras [29]. El alto número de registros ubicados a lo largo de las vías recorridas sugiere la conveniencia de establecer un monitoreo frecuente, utilizando aplicaciones como Mapillary, para evaluar si se requiere una intervención preventiva o correctiva.
Los registros recopilados en esta etapa no contaron con un filtro técnico por parte de la institución responsable de la gestión del riesgo. Sin embargo, es fundamental no subestimar su relevancia, tanto para el sector comunitario, que observa, se preocupa y registra, como para la institución, que verifica e interviene.
En comunidades vulnerables a una amenaza, este tipo de información puede ser clave para fortalecer la autogestión comunitaria, especialmente en contextos donde la entidad de gestión del riesgo no tiene un alcance suficiente. Los pobladores pueden alertar a su comunidad y tomar medidas para evitar un mayor deterioro del suelo o de las áreas que consideren preocupantes.
Para la institución de gestión del riesgo con jurisdicción, esta información representa una oportunidad para identificar estrategias de educación y sensibilización, que permitan establecer rutas adecuadas para una vigilancia comunitaria activa frente a amenazas de deslizamiento. Este enfoque resulta especialmente pertinente en el contexto del presente caso de estudio, aún más considerando la actual temporada invernal en curso.
Descargando la información actualizada de OpenStreetMap (OSM) y utilizando las imágenes generadas por dron, se realizaron análisis para visualizar la posición de las veredas mapeadas, los puntos de deslizamientos conocidos y los registros de Kobo, en relación con variables que influyen en los movimientos en masa. Entre estas variables se consideraron la probabilidad de saturación del suelo (índice topográfico de humedad), las pendientes y el aspecto (orientación de las laderas) [30].
En este análisis, todos los registros, tanto deslizamientos ocurridos como puntos de amenaza percibida por la comunidad, se ubicaron muy cerca de zonas con alta pendiente, mientras que no se observó una tendencia clara en relación con la orientación de la montaña o el índice de saturación del suelo. Esto sugiere la necesidad de establecer monitoreos periódicos, a partir de los cuales se puedan identificar patrones asociados a estas u otras variables, como lo propone Yang et al. [31].
Comparar estos registros con variables físicas y topográficas puede contribuir a la identificación de patrones útiles para predecir deslizamientos, y, eventualmente, derivar en recomendaciones o normativas para un uso del suelo más adecuado.
A partir de las imágenes de la ortofoto y el análisis de las variables consideradas, se obtuvieron varios hallazgos relevantes. El índice topográfico de humedad fue mayor en zonas donde se observaron cordones lineales de árboles, ubicados principalmente en las partes más bajas de las laderas. Esta variable ha mostrado un incremento asociado al aumento de deslizamientos, y es reconocida como un indicador de alta saturación de agua en el suelo [30].
Dado que estas zonas presentan una alta probabilidad de acumulación de agua, la presencia de árboles en dichos sectores es fundamental, ya que contribuyen a la regulación hídrica de la escorrentía aguas abajo y a la estabilidad del suelo [32,33]. Sin embargo, en el caso de las viviendas ubicadas a media pendiente, si no cuentan con barreras naturales o infraestructurales que protejan de la escorrentía descendente, podrían presentar una vulnerabilidad mayor en comparación con otras edificaciones situadas en áreas más bajas o con mejor protección.
Esto se evidenció en algunas revisiones realizadas mediante buffers de 200 m alrededor de puntos de deslizamiento conocidos (Figura 9). Además, las imágenes captadas con el dron mostraron una baja regulación en el uso del suelo en los alrededores de puntos críticos. Estas imágenes pusieron en evidencia signos de erosión en distintas áreas, aparentemente relacionados con el desarrollo de cultivos, praderas para ganado y construcciones de vivienda en curso.
Lo anterior resalta la necesidad de implementar medidas que fortalezcan los servicios de regulación del suelo, mediante infraestructura verde y estrategias de conservación de bosques, modelos que ya han demostrado que contribuyen significativamente a la reducción del riesgo de deslizamientos en zonas montañosas [34].
Estos resultados reflejan la importancia de incorporar una mirada comunitaria en la comprensión de la amenaza por deslizamiento, con el objetivo de facilitar una planificación del riesgo más integral en colaboración con las autoridades.
Esto pone de manifiesto la necesidad de vincular a las instituciones de gestión del riesgo desde las etapas iniciales de los proyectos de mapeo comunitario, de manera que la metodología utilizada para identificar, registrar y tabular la información combine el rigor técnico exigido por la autoridad pública con el acceso y comprensión por parte de la comunidad, utilizando herramientas abiertas.
Este es uno de los principales retos: cómo generar ciencia ciudadana e información que represente tanto la experiencia y las preocupaciones de la comunidad como los criterios técnicos de las instituciones, permitiendo así un uso efectivo por parte de ambos sectores.
El proyecto también resalta la utilidad de aplicaciones abiertas y de las imágenes generadas por dron para actualizar y monitorear zonas con registros de deslizamientos, especialmente en áreas vulnerables donde se carece de herramientas de seguimiento y donde las instituciones públicas no tienen suficiente alcance operativo.
El monitoreo constante de deslizamientos o amenazas de movimientos en masa puede prevenir afectaciones al patrimonio, a los sistemas de conducción de agua, a las vías de comunicación y a la infraestructura pública, lo cual puede representar elevados costos de intervención y reparación.
La recolección y evaluación sistemática de datos sobre deslizamientos es fundamental para la formulación de políticas eficaces en la gestión del riesgo de desastres naturales, así como para la mitigación de los impactos ocasionados por estos fenómenos [35].
A través de esta propuesta, que funciona como piloto, se busca establecer un modelo de acción que permita a otras comunidades tener una participación activa en la gestión de sus riesgos, la protección de su vida y de su territorio.
La información generada fue presentada al DAGRD para demostrar la pertinencia de integrar un enfoque colaborativo, en el que la comunidad participe y contribuya de forma activa en los Planes Comunales de Gestión del Riesgo, como los desarrollados entre julio de 2023 y febrero de 2024.
Este tipo de programas, orientados a fomentar la autogestión comunitaria del riesgo, pueden fortalecerse mediante procesos como los implementados en este proyecto, a través del uso de cartografía abierta, y además, asegurar y maximizar el alcance de los componentes programáticos tanto del Plan de Gestión del Riesgo de Medellín [19] como del Plan Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres [36].
4. CONCLUSIONES
Desarrollar estrategias integrales y efectivas para la reducción y gestión del riesgo de desastres requiere la combinación armoniosa de enfoques que aprovechen tanto la experiencia de los expertos como el conocimiento territorial arraigado en las comunidades locales, por principio de integralidad del conocimiento como base de la toma de decisiones, y principio de inclusión y justicia espacial y ambiental. Los expertos, con su dominio técnico especializado, ofrecen una comprensión de los peligros y riesgos específicos, así como de sus posibles repercusiones, a la vez que proponen soluciones innovadoras y eficaces para hacer frente a estos desafíos, todo ello desde las condiciones y sesgos propios de sus profesiones.
Por otro lado, las comunidades locales son depositarias de un conocimiento íntimamente conectado con su entorno y su dinámica social, cultural y económica. Son el único actor capaz de aportar información sobre la experiencia directa e indirecta, además de multidimensional e histórica, de los impactos de los desastres. También poseen una comprensión única de cómo estos riesgos evolucionan y cambian con el tiempo en su contexto particular, lo que permite un monitoreo constante de la amenaza y proyecciones a futuro. Por lo tanto, su participación activa en la identificación, evaluación y respuesta a los riesgos es esencial para el diseño de estrategias verdaderamente efectivas y adaptadas a las necesidades locales.
Además de proporcionar una fuente continua de información sobre los riesgos, las comunidades desempeñan un papel crucial en la promoción de la adopción y la implementación de medidas de reducción y gestión del riesgo. Su compromiso y empoderamiento en el proceso de toma de decisiones, por ser las principales involucradas e impactadas, no solo garantizan la concreción del foco que toma todo el ciclo de creación y uso de datos para la toma de decisiones, sino que también fortalecen la resiliencia local, fomentando un sentido de responsabilidad compartida y una mayor capacidad de respuesta ante desastres.
Por otro lado, las herramientas de mapeo abiertas ofrecen una forma práctica y económica de contribuir a la gestión del riesgo ante una amenaza, y plantear procesos duraderos sobre los que las comunidades fortalecen sus capacidades de gestión territorial en cualquier otra temática. La cartografía actualizada con OSM y ortofotos de drones permite mantener un repositorio actualizado de edificios, infraestructura, usos del suelo y condiciones de los recursos naturales, lo que es clave para evaluar la exposición y vulnerabilidad en áreas problemáticas.
Como hemos demostrado en esta contribución, las herramientas pertinentes de mapeo abierto y capacitaciones son un puente práctico para instalar enfoques colaborativos entre la comunidad y la institucionalidad, que alimentan los planes de gestión del riesgo a través de perspectivas territoriales integrales y en tiempo real. El reto principal está en identificar estrategias para integrar y estandarizar la información local y técnica institucional en un marco unificado y duradero, que esté al alcance de la contribución de estas metodologías participativas en la toma de decisiones para las diferentes amenazas.
Las más importantes lecciones aprendidas en el proceso expuesto se sintetizan a continuación.
AGRADECIMIENTOS
Este proyecto no habría sido posible sin el compromiso y la dedicación de quienes aportaron su conocimiento, experiencia y trabajo en campo. Agradecemos profundamente a Sara Berrío Monroy, Paulina Rendón Jaramillo y Sebastián Agudelo Higuita (Universidad de Antioquia), y Ana Carolina Restrepo (Instituto Tecnológico Metropolitano), por su valioso apoyo técnico y humano en los procesos de mapeo y gestión comunitaria. Extendemos también un reconocimiento especial al Voluntariado Ambiental y de Emergencias de San Antonio de Prado (VAPES) y a Luisa Agudelo, líder social, consejera ambiental y coordinadora de VAPES, por su liderazgo y articulación territorial.
La coordinación, edición y redacción final de este artículo estuvo a cargo de Mariana Marín Villagrana, Especialista Sénior de Comunicación para América Latina y el Caribe, a quien agradecemos su apoyo a lo largo de la redacción de este capítulo.
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores no declaran conflicto de intereses.
USO DE HERRAMIENTAS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Los autores utilizaron herramientas de inteligencia artificial (IA) en el proceso de redacción previo al envío, exclusivamente con el propósito de mejorar el lenguaje y la legibilidad de su capítulo. Los revisores expresan que no utilizaron herramientas de IA en el proceso de evaluación del manuscrito.
IDENTIFICACIÓN DE AUTORES
- Yessica De los ríos Olarte: https://orcid.org/0009-0009-1797-3451
- Ana Milena Prada Uribe: N/A
- Céline Jacquin: https://orcid.org/0009-0000-7318-2691
DECLARACIÓN DE AUTORÍA CRediT
Conceptualización: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe, C. Jacquin. Metodología: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe, C. Jacquin. Investigación: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe. Recursos: HOT, GeoLab Universidad de Antioquia. Curación de datos: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe. Redacción - borrador original: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe, C. Jacquin. Redacción - revisión y edición: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe, C. Jacquin, Mariana Marín Villagrana. Visualización: Y. De los ríos Olarte, A.M. Prada Uribe. Supervisión: C. Jacquin, HOT. Administración del proyecto: C. Jacquin, HOT, GeoLab. Adquisición de fondos: HOT.